La figura de Josep Lluís Núñez, presidente del FC Barcelona entre 1978 y 2000, vuelve a aparecer en el debate que rodea el caso Barça-Negreira. Tanto Enríquez Negreira como Joan Laporta, junto con diversas fuentes, coinciden en señalar que fue durante su mandato cuando comenzaron los pagos al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros.
Aunque muchas de las prácticas atribuidas a su etapa responden a un contexto muy distinto del actual, su presidencia quedó marcada por una sucesión de episodios que alimentaron la percepción de una relación excesivamente permeable entre el club y el estamento arbitral, con actuaciones de ética cuestionable o directamente corruptas. A continuación se repasan algunos de los hechos documentados, investigados o relatados por periodistas y protagonistas del periodo, o más recientemente, que ayudan a entender cómo se configuró esa cultura de influencia que hoy vuelve a ser objeto de escrutinio.

Durante buena parte de los años ochenta, Núñez simultaneó su cargo al frente del Barça con varios puestos de poder institucional: vicepresidente de la RFEF (1981–1988), vocal de la Liga (1985–1987) y miembro del pleno del CSD (1986–1990). Esta acumulación de roles otorgaba al presidente azulgrana una presencia transversal en los principales órganos directivos del fútbol español y refuerza la dimensión del conflicto de intereses que rodeó a diversos episodios de la década.
Uno de los casos más llamativos procede del periodista de TV3 Lluís Canut, quien reveló, en el canal de Twitch de Siro López, que Núñez había sufragado la deuda por un piso a un árbitro en activo. Lo más controvertido de aquel episodio, según su relato, no fue la ayuda económica en sí, sino, más bien, el ritmo variable de los pagos, el cual, supuestamente, se ajustaba a los partidos que ese colegiado arbitraba al FC Barcelona.
"A mí me contó una persona vinculada con el estamento arbitral que la primera vez que conoció a Núñez como presidente del Barça, Núñez le expresó su deseo oculto de querer comprar algún día a un árbitro. Hasta que se encontraron con un árbitro con problemas económicos para pagar las letras de su piso... El Barça, a través de la empresa de Núñez y Navarro, negoció con el banco del árbitro las letras que se tenían que descontar del piso y se las iba pagando poco a poco en función de los partidos que dirigía al FC Barcelona" Lluís Canut

En 1985 explotó el conocido Caso Barça-Mayoral. Un árbitro remitió una carta al Comité Técnico de Árbitros denunciando un presunto intento de soborno antes del partido entre Barça y Lleida. El colegiado en cuestión, Mayoral Cedenilla, aportó tres pruebas: una grabación telefónica, una tarjeta de visita de Antoni Palgès y una fotografía de este último. La conversación transcrita fue grabada por el propio árbitro en su teléfono y posteriormente presentada ante notario en Madrid.

Según Mayoral, Ángel Andradas, jefe de relaciones públicas del Colegio de Árbitros de Cataluña, recibió 100.000 pesetas como adelanto por la victoria del club catalán. El empleado de la Federación Catalana, era conocido, según relató Mayoral en El País, por visitar frecuentemente los vestuarios de los árbitros del Camp Nou.Un triángulo formado por Núñez, Andradas y Pagès, cuyo objetivo principal era favorecer al Barça, y con comisión incluida por el camino. El intermediario y mano derecha del presidente del club azulgrana, Antoni Pagès, se convertiría unos años después, en directivo del Fútbol Club Barcelona entre 1994 y 2000.

Lo contradictorio y el evidente conflicto de intereses en este caso de soborno, fue que uno de los hombres fuertes de la Federación Española de Fútbol no era otro que el propio presidente del FC Barcelona, cuyo club estaba implicado en la trama de corrupción arbitral. Josep Luis Núñez fue vicepresidente de la RFEF entre 1981 y 1988, al mismo tiempo que dirigía al equipo barcelonista.

Periodistas como Juan José Pardiñas o José Vicente Hernáez documentaron la presencia regular de Enríquez Negreira, entonces árbitro en activo, en el palco del Camp Nou.

No se trataba de visitas esporádicas, sino de una frecuencia suficiente como para resultar llamativa.
"Enríquez Negreira, de 44 años, es internacional desde la temporada 1987-88. Suele ser un habitual espectador de los partidos del Barcelona desde las últimas butacas del palco presidencial del Camp Nou" Juan José Pardiñas

Años después, la relevancia de ese detalle se ha multiplicado: Negreira no solo fue árbitro de Primera División, sino que terminó siendo nombrado vicepresidente de los árbitros y formando parte del Comité de Designación lo que otorga a aquella proximidad un significado que entonces pasó desapercibido.
"Al Barça, naturalmente, no le hace falta recusar a un árbitro. Basta, por ejemplo, con que un día cualquiera de partido se le insinúe algo a Enríquez Negreira (miembro del Comité de Designación) en el palco presidencial del Camp Nou, al que suele ir con relativa frecuencia" José Vicente Hernáez

Otro caso significativo de los años 80 apunta a Urízar Azpitarte, cuando era árbitro en activo. El futuro vicepresidente del CTA y designador arbitral, alquilaba un local comercial para su empresa a Núñez.

Este información, la compartrió el propio ex árbitro vasco en una entrevista de Mundo Deportivo, y solo se supo en diciembre de 2020.
"Cuando perdía el Barça, Núnez me decía: ‘Urízar, y eso que te tengo alquilado un local para tu empresa...’. Y era verdad, en una esquina de la calle Balmes" Urízar Azpitarte
Urízar Azpitarte se retiró del arbitraje al finalizar la temporada 1991/92. En agosto de 1992 fue nombrado nuevo miembro del Comité de Designación. En marzo de 1993 pasó a ser vicepresidente de los árbitros, junto a Enríquez Negreira y bajo la dirección de Sánchez Arminio.

Josep Lluís Núñez mantuvo una relación muy cercana con dos futuros vicepresidentes del estamento arbitral y responsables de designación: Enríquez Negreira y Urízar Azpitarte.
"La final de la Copa de Europa de 1986 tenia precio…" Frederic Porta, TVE Catalunya

“La final de Sevilla estaba amañada, pero el Barça se echó atrás a última hora”. José María Minguella

La relación de cordialidad —para algunos, excesiva cercanía— también se extendía a la liturgia posterior a los encuentros. Núñez solía invitar al trío arbitral a una recepción con canapés y copas de cava, un gesto recordado por varios excolegiados de la época. Era una cortesía relativamente habitual entonces, pero que, observada hoy junto al resto de episodios, contribuye a la percepción de un trato más estrecho de lo deseable.
En los años 90, además, era frecuente que los clubes obsequiaran a los colegiados con regalos “modestos”. Sin embargo, algunas voces de dentro del fútbol sugieren que en el caso del FC Barcelona estos presentes pudieron ir un paso más allá.

Paco Roig afirmó en una entrevista en El Confidencial que “se hablaba de que el Barça le regalaba un reloj de oro al árbitro al acabar el partido”. Un año después, reiteró la misma información en Relevo: aseguraba que el club compraba relojes Longines de oro y que “todos los árbitros sabían que, cuando se despedían, terminaban los Longines”.
El propio Roig matizaba: “¿Es verdad o mentira? No lo sé”. Pero el mero hecho de que la sospecha circulara en los entornos directivos de la época ilustra la sombra de duda que acompañó a aquellas prácticas.
"Quiero entrar a conocer al colegiado. Llevo un millón de pesetas" y, además, decía: ‘Si gana el Barça, el millón se lo doy al árbitro’". Paco RoigRoig señaló que se trataba de una versión que le transmitió directamente un árbitro.

Durante años, la presidencia de Josep Lluís Núñez en el FC Barcelona se caracterizó por un poder casi absoluto, roto solo por denuncias puntuales. Primero, fue el exárbitro Emilio Mayoral Cedenilla quien señaló un intento de soborno, y más tarde, en los noventa, el jugador Luis Milla filtró a la prensa un caso similar. En este contexto de creciente sospecha, Núñez habría cambiado su estrategia, poniendo en marcha lo que hoy se investiga como el "Caso Barça–Negreira".
Paradójicamente, el caso que acabaría con su blindaje no fue deportivo, sino el "Caso Hacienda", que estalló a finales de la década y culminó con la única condena en su contra. A pesar de que Núñez dejó sus puestos institucionales a partir de 1991, su influencia se mantuvo: dos de sus directivos, Joan Gaspart y Josep Contreras, conservaron estrechas relaciones con el entonces presidente de la Federación, Ángel María Villar, asegurando que los ecos de su régimen siguieran resonando en las altas esferas del fútbol español.
Uno de los episodios más llamativos de la década lo protagonizó el árbitro Flores Muñoz, quien fue trasladado al aeropuerto en un coche oficial con chófer y escolta municipal para no perder un vuelo tras un partido.

El gesto de Núñez, anecdótico en apariencia, reforzó la percepción de un club habituado a otorgar un trato preferencial al estamento arbitral. El ex árbitro contó este peculiar episodio en el Diario de Cordoba, en febrero de 2023.
"En una ocasión yo volaba vía Sevilla de regreso y Andújar y el otro linier lo hacían vía Málaga. Pues el Barça me puso un coche con chófer y hasta dos policías locales abriendo paso porque no llegaba, me dejó sorprendido" Flores Muñoz
A principios de los años 90, Núñez también sobornó a agentes de Hacienda, un caso ajeno al fútbol pero que contribuyó a consolidar la imagen de un presidente dispuesto a traspasar límites para proteger sus intereses. La trama de intercambio de favores consistía, en resumen, en vender pisos “tirados de precio” a inspectores del fisco para que “hicieran la vista gorda”. El caso se destapó a finales de los 90 y, tras un largo juicio, fue condenado en julio de 2011 e ingresó en prisión en 2014.

En 1992, el exjugador del Barcelona y por entonces centrocampista del Real Madrid, Luis Milla, denunció haber recibido un intento de soborno antes del célebre partido ante el Tenerife, que terminó costándole al Real Madrid la Liga en la última jornada. Su testimonio nunca derivó en consecuencias disciplinarias, pero se sumó a una larga lista de episodios controvertidos.

Décadas más tarde, el periodista José Ramón de la Morena reveló que el autor de la llamada habría sido Guillermo Amor. Según de la Morena, la persona que alertó a Núñez e interrumpió la operación habría sido José María García, su gran rival, con el objetivo de frustrar la exclusiva del periodista.
"Averigüé que antes de un partido decisivo entre el Tenerife y el Real Madrid, alguien había telefoneado a Milla, ex del Barça fichado por el Madrid, y le había ofrecido 30 millones de pesetas por cometer un penalti y hacerse expulsar antes del minuto 10" José Ramón de la Morena
Durante los años 90, siempre con Josep Lluís Núñez como presidente del Barça, se iniciaron los conocidos pagos al vicepresidente de los árbitros en activo, Enríquez Negreira, quien simultáneamente formaba parte del Comité de Designación. Bajo la presidencia de Núñez comenzó lo que más tarde se convertiría en el mayor escándalo del fútbol europeo.


Tampoco faltaron las acusaciones de entrega de “maletines” a clubes rivales en partidos claves, según distintos testimonios recopilados posteriormente de jugadores y directivos de la época. Manolo Hierro, futbolista del Tenerife, y el capitán Toño reconocieron el hecho en antena, durante un programa de la cadena SER, relatando la historia con todo detalle. El dinero se repartió entre toda la plantilla, con la excepción del entrenador Jorge Valdano y de los jugadores Alexis y Moisés.
Por su parte, Augusto César Lendoiro comentó en El Mundo:
“El Barcelona era especialista en primas a terceros, ni disimulaba; era realmente escandaloso”. Lendoiro
Augusto César Lendoiro, ex presidente del Deportivo, acusó a Núñez y Gaspart de premiar a equipos que derrotaban a rivales del Barça en partidos decisivos invitándolos a participar en el Trofeo Joan Gamper. En una entrevista para Cuatro, Lendoiro señaló:
“En su momento, el invento de estos trofeos se montaba para equipos que te habían ayudado a conseguir objetivos. Parte del Barça de Núñez y Gaspart. El Madrid tiene el partido de Tenerife en el 93, el Tenerife gana (y el Real Madrid se queda sin Liga) y es invitado al Joan Gamper”. Lendoiro
Añadió:
“Al año siguiente, nosotros (el Deportivo) nos vemos afectados. El Valencia hace que el Barcelona sea campeón con el penalti de Djukic y es invitado al Gamper, y a Paco Roig le imponen la insignia de oro y brillantes del Barça. No sé cuáles serían sus méritos”. Lendoiro
Sus declaraciones apuntan a cómo, según Lendoiro, el club habría utilizado premios y distinciones como herramientas de influencia en momentos decisivos de la competición.

Hasta los años 2000, el Barça de Núñez regalaba carnés de socio a autoridades judiciales “nada más llegar al cargo”. Solo en la temporada 1997/98, más de 50 jueces recibieron pases con acceso directo al palco, por lo que no era raro cruzarse con fiscales y magistrados en la zona noble del Camp Nou.
Fue el propio Johan Cruyff, entonces en conflicto con Núñez, quien denunció el caso ante las autoridades.

La insignia de oro y brillantes del club fue concedida tanto a Ángel María Villar, entonces presidente de la Federación Española de Fútbol —según Mundo Deportivo, la entrega estaba prevista con ocasión de la visita del Tenerife—, como al rey Juan Carlos, con motivo del centenario del club y de la mano de Núñez,

Se trataba de distinciones habituales dentro del protocolo del Barça, pero que, en retrospectiva, pueden interpretarse como parte de la construcción de redes de influencia.

Con el caso Barça–Negreira, muchos de aquellos episodios han vuelto a emerger. Durante la presidencia de Núñez, se registraron múltiples situaciones en las que la búsqueda de influencia arbitral parecía ser el objetivo, y que permiten, gracias al contexto histórico, entender mejor el presente y especular sobre el verdadero propósito de los pagos al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros.